El debilitamiento del ritmo de crecimiento de la economía de la eurozona y del conjunto de la Unión Europea durante el segundo trimestre, cuando la expansión del PIB se moderó al 0,2 en ambos casos desde el 0,4 y el 0,5 respectivamente, se reflejó en un menor incremento del empleo en ambas regiones, aunque tanto la zona euro como entre los Veintiocho alcanzaron sendos máximos históricos en el número de ocupados.